Nemed
A Bean an Locha
“
Llevan blancos escudos en la mano; son de pálida plata
sus emblemas;
sus espadas azules brillan y llevan
cuernos poderosos”.
“ La mágica hueste” -
Anónimo irlandés del siglo XII.
Del primer ciclo de
poblamiento de Irlanda no queda sino el misterioso
Fintan, que a lo mejor nunca fue un hombre, sino un
oráculo, o la memoria de la especie. Es el tradicional
testigo que existe en muchas historias de la
mitología. Se dice que vivió 5.550 años y que fue no
sólo testigo, sino maestro, entre ellos de San Caillin
y que este parece haber sido, el desdoblamiento de
Fintan. Como fuere, el cristianismo fue la tumba
vulnerada del paganismo. “ No oculto que mi edad era
muy avanzada cuando la fe pura me fue enviada por el
rey del cielo nuboso. Son el bello Fintan, hijo de
Bochra, lo digo con orgullo, después de que vino el
diluvio, soy en Irlanda un importante personaje”.
Dejémoslo suspendido sobre las ramas de un roble y
sigamos con la segunda oleada de invasores. Debemos
recordar que Partolón y su gentes habían empezado a
transformar la isla, agregaron lagos y llanuras y una
peste misteriosa puso fin a sus jornadas.
Tal vez la peste no
era otra cosa que la lucha contra una “raza” ya
establecida en Irlanda: las de los Fomoré, extraño
pueblo de extraños orígenes.
La segunda oleada de pobladores viene con Temed
(significa sagrado). ¿ De dónde es originario este
doblamiento?. Posiblemente se haya emprendido desde
España, “ el país de los muertos” como se le decía
antiguamente. Otras versiones los hacen provenir desde
el este, pero no aciertan el lugar con precisión. Pero
hay otra versión que los ubica originariamente, entre
el pueblo Escita, “ habitado por los griegos”. El
lugar de partida, puede haber sido el Mar Negro, pero
algunos lo corren hacia el Báltico. Partolón y Nemed
tienen algo en común: ambos son descendientes de
Agnoman, emparentado con Mago o Gomer, hijos de Jafat,
hijo de Noe. Así que se mantiene el procedimiento de
que todo pueblo es hijo de Noe. Entre Partolón y Nemed
habían pasado treinta años. Se dice que Nemed abandonó
su patria con 44 navíos, y se perdieron en un largo
viaje de año y medio, 43 navíos, llegando uno solo a
Irlanda. Por supuesto que siguieron con las obras
emprendidas por Partolón, aumentaron los lagos y
praderas y prosperaron como pueblo. Pronto se vieron
sojuzgados por los Fomoré, los que imponían severos
tributos sobre estos pobladores: las dos terceras
partes del trigo, de la leche, del ganado, de los
hijos nacidos en Irlanda. Estoy seguro que si el
tributo se hubiera extendido sobre las bebidas
alcohólicas, hubiera sido intributable desde la
sentencia del mismo. Estos proto-irlandeses tributaron
y tributaron, siendo el 1 de noviembre, Samain, ( fin
de año celta, que significa la llegada del invierno)
el día fijado paga el pago de todo lo producido en
Irlanda. La rebelión estalló y Nemed vence en tres
combates, en tres condados distintos: Ulster,
Connaught y Leinster, pero en el cuarto combate, Nemed
y otros mueren afectados por una epidemia.
¿Quiénes son los
fomoré, ( fomoire, fomorians)?. Nuevamente la falta de
fuentes documentales y la antigüedad de los
acontecimientos nos obligan a ser prudentes. No se
sabe el origen de este pueblo, pero no hay dudas que
son primordiales, arcaicos, pues en sus inicios, eran
gigantes y el gigantismo como en varias mitología y
aun en nuestra tradición bíblica, es sinónimo de
arcaico, de fuerzas primordiales. Esta tradición ha
perdurardo en los cuentos folklóricos y los cuentos de
hadas, donde los gigantes representan la fuerza bruta,
las fuerzas elementales de la naturaleza. El
psicoanálisis nos enseñó a interpretar que los niños
pueden vivenciar a sus padres, como el héroe a los
gigantes. Como representantes de lo arcaico, los
fomoré representan la vieja tradición, la religión
pagana que tanto escandalizó a los romanos con sus
sacrificios humanos. “ Los fomoré son los dioses de
la muerte, de la noche y la tormenta, el más antiguo
de los dos grupos divinos que se reparten homenajes de
la raza céltica” comenta Jubainville. En síntesis, los
fomoré son seres deformes, seres demoníacos que podían
cambiar sus formas a voluntad y posiblemente
descendientes de Cam, el hijo de Noe que tuvo la
temeridad de ver desnudo a su padre y que en
consecuencia recibió su maldición: serás esclavo de
tus hermanos. Para algunos, esta la sentencia bíblica
que legaliza la esclavitud. Tenían cabeza de cabra, lo
que los emparenta con los dioses cornados, como por
ejemplo en el dios Cernunno, humano con patas y
cuernos de ciervo. Por otro lado, tenían una sola
pierna, un solo brazo y como en el caso de Balor, el
más famoso y dañino fomoré, un solo ojo descomunal
cuyo párpado debía ser levantado con ayudantes con
orquillas, y su mira era como un rayo descomunal;
donde se posaba su visión no había otra cosa que
muerte y desolación. Lo reservamos para el próximo
capítulo. Obviamente, un solo ojo lo emparenta con los
cíclopes de la mitología griega.
El yugo de los fomoré
con sus dos tercios de todo lo producido, siguió
siendo tan humillante como constante y no se hizo
esperar la reacción de los hombres de Nemed, ya
muerto, contra el rey fomoré, Conann, hijo de Febar.
Se juntaron los hombres de Nemed y marcharon hacia el
norte, hacia Donegal, hacia Tory, hacia la torre del
rey Conann. “ Por tierra y por mar partieron a
realizar las brillantes hazañas. Tres veces veinte
mil. Ese es el número de los de la raza de Nemed que
vinieron al asalto desde la ribera”, dice un viejo
poema irlandés del siglo XII compuesto doscientos años
de su recopilación. Y nos encontramos ahora con un
viejo elemento de la mitología y en especial, en la
mitología celta: la torre. En su carácter mítico, la
torre es una especie de eje, de axis mundi, que
enhebra tres centros, el sub-mundo donde hunde sus
cimientos, la tierra donde se apoya y el cielo al cual
rasga el días de pesada neblina. Por otro lado, fue un
elemento defensivo en Irlanda, es especial, contra los
incursiones vikingas. En definitiva, las montañas son
torres hechas por dios, las torres son montañas hechas
por los hombres. Como metáfora, podríamos expresar que
la torre es una pierna del cielo o una aguja caída del
cielo y clavada en la tierra. Es un simbolismo de la
ascensión, pero lugar también de retiro, y penitencia,
como en el caso de Hamlet y la famosa Bloody Tower de
Londres. Ya volveremos a las torres en historias
celtas más adelante, en especial, a las torres de
cristal.
Volviendo a la batalla
de la torre de Conann en Tory, la batalla en sus
inicios favoreció a los hombres de Nemed que logran
dar muerte al rey Conann, pero más tarde, el curso de
los acontecimientos, se invirtió, y nos dice el poema
que de los sesenta mil hombres,: “ Todos los hombres
de Irlanda participaron en el combate. Después de la
venida de los Fomoré; A todos los tragó el mar,
Excepto a solamente tres veces diez”. Sólo hubo
treinta sobrevivientes. Se dice que eran tres
familias, una de ellas, la de Britan viajaron hacia el
este y se establecieron dando origen a los britanos.
Otra familia da origen a otro pueblo, los Fir Bolg (
hombres bolsas: bolg: belgas) que vuelven a Irlanda
donde son nuevamente sojuzgados y los Tuatha De Danann,
los hijos de la diosa Dana. Son los grandes y
benéficos dioses de la mitología irlandesa, el Pueblo
de la Bruma, que a continuación llegan a Irlanda,
dando origen a la anteúltima invasión de la isla.
En Irlanda no hubo
poemas épicos que cantaran las grandes gestas de sus
hombres. Apenas este poema del siglo X, del cual he
citado unas pocas estrofas. Imaginé por lo tanto un
poeta dando cuenta a su señora ( siempre las mujeres
en la mitología celta han ocupado un lugar destacado)
cuyo nombre menos solemne es Bean an Locha ( La Dama
del Lago, pronúnciese ban on luja).
“ - Señora ( Bean an
Locha), apenas llego de Donegal, de Tory, de la torre
de Conann y siento no tener el alma dentro del cuerpo.
La muerte desechó sus alas y entró- como un jabalí
entre dos fieras jaurías, entre los dos bandos sin
tomar partido: real y plebeya asamblea de espadas de
filos azules, deambulaban los escudos sin dueños, los
cascos de cuernos amarillentos hasta sus raíces,
vagaban acéfalos por los escalones de la dura piedra
de la torre. – Señora ( Bean an Locha), mucho me temo
que al final de la batalla, - si es que la tiene-
ningún ojo humano que no lamente no haber caído en la
jornada, podrá distinguir el cielo crepuscular y el
piso empedrado de la torre de Conann, en Tory, en
Donegal. – Señora, purgarán sus faltas, ninguna mínima
plegaria circuló entre los apretados dientes
astillados de todos los guerreros, de uno y otro
bando, que como cortinados se acometían los unos
sobre los otros. – Señora, la noche traerá más
espanto cuando la luna baje y bese los despojos al pie
de la torre de Conann, prisión de muertos, prisión de
almas, prisión de cifras descabelladas, prisión de
nubes de puños apretados que no lavan a sus muertos. –
Mi muy Señora ( Bean an Locha), mía: no sé si deciros
que se ha salvado Irlanda en la torre de Conann o
bien, que ha caído otra vez más Irlanda, en la Torre
de Conann, en Tory, en Donegal, en el árido norte”.
Lic. Guillermo Echavarría Molloy
En Florida, febrero 24
del 2006
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